viernes, 2 de agosto de 2013

Cuando las gaviotas vuelven a la costa: Capítulo 2

Desperté unas horas más tarde en un hospital. Escuché al médico hablar con mi padre. De repente rompió a llorar. Nunca había oído a mi padre llorar. Se limpió los ojos y le dijo al médico:
-Voy a ver si está despierta-.
Quizá para que no sospechara lo que había ocurrido o quizá porque no quería que le viera sufrir, entró a la habitación intentando sonreír.
-Hola-. También se notaba que le costaba hablar, que tenía un nudo en la garganta.
-¿Qué ha pasado?-.Le pregunté, aunque, creo que ya sabía lo que me iba a responder.
-¿Me prometes que seguiremos siendo una familia normal?-.
-Si-.Le respondí, algo extrañada, pero del todo convencida, aunque al final, no resultó ser así.
-Tu madre a muerto...-. Echó a llorar de nuevo.
Yo no lloré, no hablé, no hice nada, simplemente pensé en lo último que le dije, esa frase, <<¡qué si mamá, odio que me metas prisa!>>. Sé que no fue muy ofensivo, pero lamentaba haber perdido esa valiosa oportunidad de decirle cuanto le quería. Pero no sabía lo que iba a pasar, en ese momento no lo pensé. Me limité a recostarme en la cama y quedarme perdida en mis pensamientos, que ahora mismo se habían convertido en un laberinto horrible en el que había entrado y no sabía como salir. Tan dolida estaba que ni hablaba, ni lloraba, ni gritaba, ¡ni siquiera comía!, estaba bloqueada. Los médicos consideraron con mi padre llevarme a un psicólogo.


A pesar de mi estado mental en esos momentos, recuerdo perfectamente mis visitas al psicólogo. Estuve más de un mes sin asistir a clase. Recuerdo que, al principio, intentaron hacer que dijera alguna cosa pero, como no había dado resultado, me hicieron diversos test escritos. Más tarde, me sometieron a diversas pruebas físicas. Estuve yendo allí varios meses más, pero para entonces, lo peor había pasado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario