Esa sensación cuando te enamoras. Tienes ganas de sonreir, de saltar, de verlo. Pensar en él siempre y no parar de verlo en tu cabeza. Desear que te mire y sonría. Esas ganas de tocarlo y acariciarlo, de abrazarlo y besarlo. Esas sensaciones que no se pueden igualar, ni tan siquiera el más rico de los dulces, ni el más dulce de los chocolates.
Esa sensación cuando te derrumbas. Cuando quieres que la tierra te trague y lamentas haber sido tan estúpida. Cuando te sientes engañada, pero aún le quieres. No te importa nada más excepto que vuelva a estar entre tus brazos. Quieres volver a sentir sus labios, sus manos. Pero sabes que él no volverá y te derrumbas aún más en la depresión. Solo el paso del tiempo curará esa herida.
La vida está llena de alegrías y tristezas, pero hay que aprender a pasar página y siempre seguir adelante.
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