Al
día siguiente, todo el mundo me preguntaba como estaba.
Soporté
lo mejor que pude el día. Me sentí bien, ya que la gente me
prestaba mucha atención y procuraba no hablar mucho de mi madre por
si acaso me ponía a llorar, o me enfadaba. Pero, aunque mucha gente
estaba enterada, no todos lo estaban. Por eso a algunos les pareció
un poco raro, y a última hora una chica me preguntó que me pasaba.
Yo iba decírselo sin ninguna dificultad, la chica no tenía ninguna
mala intención, pero rompí a llorar, y me fui sin dar
explicaciones.
Mientras
paseaba por la playa, pensé en mi madre, y también en mi padre.
Entonces me di cuenta de algo. Corrí con todas mis fuerzas hasta mi
casa, cuando llegué, abracé a mi padre:
-Lo
siento papá, lo siento mucho no quería decir eso el otro día.
-No
pasa nada Fani, sabes que te quiero muchísimo-.Dijo resaltando la í.
-Y
yo a ti papá. Venga vamos, tenemos que arreglar la casa y hacer la
comida.
A
partir de ese día, mi padre fue mejorando, y al cabo de un mes
estaba mucho mejor, seguía echando en falta a mamá, pero, de otra
manera.
Acababa
de empezar el verano, y como todos los años, nos dábamos el primer
baño, comíamos en la playa y nos dábamos un paseo al atardecer:
-Papá,
no se, es que es el primer año que lo hacemos sin mamá y me resulta
extraño-.Dije.
-Pero
Fani, ¿no oyes ese ruido?
-¿El
mar?-.Dije un poco extrañada.
-No,
es tu madre diciendo, adelante-.Me respondió. Me limité a
sonreirle, y grité:
-¡Al
agua!
Nos
lo pasamos muy bien, nos comimos un bocadillo bien grande, y nos
dimos un paseo acompañados de un precioso atardecer. De pronto se
oyeron unos ruidos y mire al cielo, era una bandada de gaviotas:
-¡Mira
papá!, la gaviotas han vuelto a la costa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario