Hermosas estrellas extintas, casas de aquellas almas que un día se perdieron en la oscuridad de vuestra noche. Seductoras de soñadores y caminantes, perturbadores de nuestros sueños y pensamientos. Cuántos deseos ya guardáis, cuántos gritos habéis escuchado, cuántos llantos habéis presenciado y cuántos amores habéis visto.
Hoy quiero que me confeséis qué veis cuando encontráis mis ojos, cuando claváis vuestra luz sobre mis pupilas. Esa luz que dibuja la silueta de la persona que cada cual añora, que cada cual desea, que cada cual ama. Esa luz que atraviesa mi piel y mis entrañas y lee, en la más absoluta clandestinidad, mi mente.
Hoy quiero que me confeséis que leéis. Hoy necesito encontrarme, encontraros, encontrarle. Hoy quiero que os llevéis mi alma con vuestra luz cuando el lucero del alba asome por las montañas y que la devolváis cada noche a mi cuerpo, hasta que llegue el día en que ella se haga independiente y vuele libre. Y ese día será aquel en el que consiga librarse del castigo que le pesa ahora.
Pero, hoy, mis queridas estrellas, yo me quedo a descansar de mi alma, de ese peso. Mis hermosas estrellas, mis extintas estrellas, mis seductoras y perturbadoras estrellas.
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