martes, 30 de julio de 2013

Cuando las gaviotas vuelven a la costa: Capítulo 1

Una mañana, como cualquier otra, me desperté esperando que ese día fuera igual que los demás. Ojalá hubiese sido así:
-Venga Fani, levantate que llegaremos tarde-.
Allí estaba mi padre. Recuerdo su rostro antes de lo ocurrido: los ojos muy abiertos, el pelo bien peinado y aseado, una sonrisa de oreja a oreja y un bigote que parecía de cuento. No es que fuera precisamente el más guapo del mundo, pero si el mejor padre:
-Levanta, venga-.
Me levanté de la cama con mucha pereza. Pensé <<otra vez la rutina de cada día, me gustaría que hoy pasara algo distinto>>,que tonta fui al desearlo. Miré la ventana, y allí estaba, el mar. El mar me tranquilizaba. Me cambié de ropa y me tomé el desayuno. Entonces oí a mi madre llamándome desde el coche. Fui y allí estaba, con sus ojos azules, su sonrisa y su pelo corto, rubio y lacio. Creo que en ese momento debería haberle dicho algo un poco más bonito:
-¡Qué si mamá, odio que me metas prisa!-.

Todo fue demasiado rápido, ¿cómo íbamos a saber lo que iba a ocurrir? Mi padre empezó a sacar marcha atrás el coche. Estaba en el garaje y había un tabique que impedía ver quien venía por ambos lados. Entonces, ¿cómo iba a ver al coche que venía por la derecha? Salimos del todo, y cuando mi padre se disponía a poner el coche en una posición de salida, vimos otro demasiado cerca. A mi padre no le dio tiempo a reaccionar, y al pobre conductor del otro coche tampoco. De pronto todo se volvió negro. Oí vagamente a mi padre gritando cada vez más alto:

-¡Fani, Alicia!-. Perdí el conocimiento del todo.

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